SE VOLVIERON GLORIFICANDO Y ALABANDO A DIOS
En el Evangelio de Lucas 2:1:20, tenemos un registro de un evento y un
anuncio único en todos los sentidos, y a los primeros en recibirlo.
En la misma región donde había nacido Jesús, había unos pastores, estos
habían guardado las vigilias de las noches sobre su rebaño. Estos hombres de
escasos recursos, de clase baja según la escala humana. Posible de muy poca
formación académica, intelectual. Sí aquellos con olor a campo y a los animales
quienes cuidaban.
1. Fueron estos los que recibieron el anuncio, el
suceso más grande de toda la historia y los acontecimientos en el mundo.
2. Fueron los primeros en enterarse de la profecía
cumplida.
3. Fueron los escogidos para hacer saber lo que
para otros era aún desconocido.
Precisamente este es el obrar del Señor, aquél a quienes otros estiman o
ven como insignificantes, de poco valor o aporte. Y estos mismos ante los ojos
de Dios tienen un valor incalculable, porque Cristo al igual murió por ellos.
Cuanto nos instruye el Señor con estos pastores, ya que para otros
habrían sido los últimos en enterarse de algo que los hubiese podido
beneficiar. Pero, lo desechado de este mundo, los rechazados, maltratados, los
pobres, forman parte de un interés especial del Creador para con ellos.
El Señor pudo haberles enviado un profeta, un vocero; empero, cuando
nuestro Dios va a obrar, nunca categoriza en base a escalafón humano. El Señor
vio la necesidad en ellos de esperanza, de búsqueda, espera; y la hora había
llegado para que el tiempo de redención se iniciara. Todo aquello que habían
estado esperando había llegado, ya estaba presente, ahora solo les restaba
recibirlo.
Los pastores no solo habían sido visitados por un ángel del Señor, sino
que juntamente con los ángeles, la gloria del Señor los rodeó de resplandor, y
a consecuencia de ello tuvieron gran temor. Pero el ángel les hizo saber que no
había necesidad de temerle, ya que estaba presente no para emitir juicio,
empero buenas nuevas de gran gozo. Les decía el ángel, no teman, es todo lo contrario,
todo aquello que temían se dispersará, porque aquella oscuridad que está sobre
el mundo se levantará por que hoy les ha nacido la Luz del mundo. Como ustedes
han cuidado su manada, así los cuidará el Buen Pastor. Ustedes guardaban sus
ovejas contra los ataques de las fieras, Él guardará sus ovejas de los ataques
del enemigo de sus almas.
Después del anuncio del anuncio del nacimiento del Salvador, del Cristo,
del Señor, y del cómo lo encontrarían envuelto en unos pañales, acostado en un
pesebre. Dice la Palabra que repentinamente apareció junto con el ángel una
multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían:
Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con
los hombres (Lucas 2:14).
Parafraseado: Demos toda gloria al Dios Todopoderoso que habita en las
alturas, que hizo bajar el medio de paz a la tierra a través del único medio
que así podría y podrá lograrlo, su Hijo, su Unigénito Hijo. Deja este
acontecer, este hecho de la buena voluntad, del medio que el Señor daba uso
para en este momento no condenar al mundo, sino para brindarle su única y
exclusiva salvación.
Los pastores fueron hacia el lugar indicado por el ángel, pudieron ver a
Jesús y a sus padres, pudieron ver al Salvador del mundo envuelto en pañales;
tal cual como les fue declarado, revelado por el ángel.
Aquellos mismos que al inicio habían quedado temerosos ante la presencia
del ángel, ahora tienen un canto nuevo en sus vidas, en sus almas:
...se volvieron glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que
habían oído y visto, como se les había dicho (Lucas 2:20).
¿Acaso esta obra no es la que hace el Señor en toda vida que así lo
permita? Que en donde haya temor, acatando a la voz de Él, en obediencia,
sometimiento a su Palabra encuentren gozo, encuentren paz. ¿Anhelan esto mis
amados? Obedezcamos a su voz y sus ordenanzas.
¡Qué primera celebración! ¡Qué gozo, qué felicidad! Y esta verdad y
celebración debe continuar y escalar para todo creyente, sí, para el pueblo de
Dios, gozándonos en Él.
Ciertamente a quienes Él escoges, a quienes utiliza, no necesariamente
serían de la selección o consideración de muchos. Pero, gloria sea al Señor, lo
que mira el hombre, lo que estima o por los medios que hace la medida, no es
por lo que obrará nuestro Dios. Y por esas razones y tanto más, lo alabamos y le
glorificamos por su forma de obrar en la vida de todos que así lo permitan.
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