UN DÍA SINGULAR (EN HONOR A ÉL)
El mundo hace un alto,
Hay un cambio,
A diferencia de todo el año;
Y aunque muchos no crean,
Aún así, en sus dogmas,
Algo provoca, a considerar,
Que es tiempo, de celebrar.
La paz encuentra lugar,
Aunque fuese, por ese día singular,
Se celebra, su advenimiento,
Se pronuncia, el amor;
Porque navidad, tiene un distingo,
Tiene su específico, Mesías, llegó.
En medio de todo,
Los cánticos que anuncian;
En medio de negaciones,
Los dramas recuerdan;
Hubo uno, que vino al mundo,
Tomó, forma de hombre,
Jesús, es su nombre.
El establo vacío,
El pesebre, no tiene al niño;
Toda la pleitesía, aún se brinda,
Porque allí estuvo,
Sin lugar, en rechazo;
el Redentor, el Salvador,
el que su vida, ofrendó.
el Redentor, el Salvador,
el que su vida, ofrendó.
El que ahora juzgará,
Porque por Él,
Todo hecho ya;
Seguidme para adorar,
Seguidme para anunciar;
Porque así queréis,
Porque has, entendido ya.
Siempre se puede apreciar, que aunque muchos no entiendan y no tienen al Señor, algo de aquel tiempo obliga a cambios. Aún en batallas hay cese de fuego, en hostilidades, se aplaca la ira.
Los comerciantes, algo a sus empleados ofrecen o les extienden, porque pareciera que algo obliga a dar, a poner a un lado avaricia.
Navidad es el tiempo que se observa iluminación y transformación. Todo embellece, todo tiene una tónica especial, ya que de una forma u otra este mundo revuelto trata de poner orden por un momento.
Mas, finalizado ese tiempo singular, todo vuelve a su curso, en donde egoísmo vuelve a tomar fuerza, oscuridad vuelve a acoger los barrios. Sin embargo, para aquél que logró entender lo que se celebraba, permanece con la luz, pero ahora en su alma.
De cuánta bendición resultaría para el mundo entender, que aquél pequeño en el pesebre, es la respuesta de Dios hecho hombre, para rescatar al mundo. Y que muchos igual que el hombre aquel, que no le brindó lugar en el mesón, al igual aún hay muchos que lo mantienen fuera de sus vidas. Lamentable es, que ese rechazo mientras que allí se mantiene, no limita ni cambia quién es Emanuel, sin embargo, al hombre sí confina a perdición eterna, pudiendo de Èl recibir vida eterna, sí esa vida en abundancia que sólo ofrece y brinda Jesús.
Juan 10:10- El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
Siempre se puede apreciar, que aunque muchos no entiendan y no tienen al Señor, algo de aquel tiempo obliga a cambios. Aún en batallas hay cese de fuego, en hostilidades, se aplaca la ira.
Los comerciantes, algo a sus empleados ofrecen o les extienden, porque pareciera que algo obliga a dar, a poner a un lado avaricia.
Navidad es el tiempo que se observa iluminación y transformación. Todo embellece, todo tiene una tónica especial, ya que de una forma u otra este mundo revuelto trata de poner orden por un momento.
Mas, finalizado ese tiempo singular, todo vuelve a su curso, en donde egoísmo vuelve a tomar fuerza, oscuridad vuelve a acoger los barrios. Sin embargo, para aquél que logró entender lo que se celebraba, permanece con la luz, pero ahora en su alma.
De cuánta bendición resultaría para el mundo entender, que aquél pequeño en el pesebre, es la respuesta de Dios hecho hombre, para rescatar al mundo. Y que muchos igual que el hombre aquel, que no le brindó lugar en el mesón, al igual aún hay muchos que lo mantienen fuera de sus vidas. Lamentable es, que ese rechazo mientras que allí se mantiene, no limita ni cambia quién es Emanuel, sin embargo, al hombre sí confina a perdición eterna, pudiendo de Èl recibir vida eterna, sí esa vida en abundancia que sólo ofrece y brinda Jesús.
Juan 10:10- El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
ESE DÍA AUNQUE MUCHOS NO SE PERCATAN, SE ILUMINA EL MUNDO COMO NINGÚN OTRO, YA QUE DE UNA MANERA U OTRA EL MUNDO TIENE QUE SIEMPRE RELACIONAR, ESE DÍA LLAMADO NAVIDAD, OBLIGA A ILUMINAR Y NO APAGAR.
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